A las 7:57 se daba el inicio al que para mí ha sido el IRONMAN con mayúsculas, una carrera en la que las sensaciones fueron muy diferentes. Natación muy cómoda, desde el principio  me encuentro bien y llego a la primera  boya el primero de mi salida, no me quiero pasar y decido bajar el ritmo un poco. Finalmente salgo en cuarta posición de mi tanda.
La carrera no había hecho nada más  que empezar pero las sensaciones son muy buenas. Pasan los kilómetros y nos metemos de lleno en la parte dura del sector de ciclismo, todos los que estábamos compitiendo en el Challenge Madrid sabíamos lo que había y yo personalmente disfruté de los puertos de la sierra madrileña, aunque he de reconocer que la subida a Cotos se me atragantó bastante. Me imagino que después de los dos puertos anteriores entraba dentro de lo normal.
Por fin llego a Navacerrada y decido tomarme el descenso con tranquilidad. Voy un poco tostado y aprovecho para beber y comer algo tranquilamente esperando recuperarme un poco, y así fue. Los últimos kilómetros del ciclismo se hacen muy amenos y consigo mantener un ritmo alto hasta la entrada a la Casa de Campo donde está ubicada la T2.
Una transición muy rápida sumada a los ánimos de mi familia me animan a salir a correr muy confiado y deseando disfrutar de la maratón.
La salida de la T2 es espectacular por la cantidad de gente conocida que se había acercado, fue increíble ir viendo a amigos y compañeros de fatigas durante todo el recorrido. Pero no todo iba a ser de color de rosa. Había pasado la media maratón en 1 hora y 36 minutos pero justo aquí fue donde mis piernas dijeron basta, y el ritmo pasó poco a poco de ir por debajo de 4:30 el kilómetro a casi un minuto más. Es justo en esos momentos donde la cabeza juega un papel transcendental. Veía a muchos compañeros andando, algunos de ellos profesionales, mi cuerpo me pedía hacer lo mismo pero mi cabeza no lo permitió y pensaba que si era capaz de seguir corriendo seguiría adelantando puestos. Así llegué al kilómetro 30, donde volví a mantener un ritmo aceptable, y en el kilómetro 35 me coloqué segundo de mi categoría.
Todo lo acontecido desde ese punto, hasta la línea de meta y la posterior entrega de premios fue la recompensa a muchos meses de trabajo y de renunciar a muchas cosas.
He de decir que cuando tienes un objetivo en la cabeza que te motiva al 100% todo es mucho mas fácil, aunque no quita que sea sacrificado. Quizás la caída que sufrí hace dos años preparando esta prueba y que me dejó  fuera de la misma hizo que resultase aún más especial, quitándome la espina y cerrando el círculo.
Finalmente terminé con un tiempo de 10 horas 26 minutos, una marca más que discreta pero justificada por su durísimo recorrido en bicicleta, haciendo que la maratón sea el doble de dura que en cualquier otro Ironman de los que había participado. Un puesto 29 en la clasificación general y 2º en el grupo de edad 30/34 justificaron el palizón, pero ganar el Campeonato de Madrid de larga distancia en mi categoría fue algo inesperado y fue gracias a lo dicho anteriormente: la cabeza me obligó a no parar y conseguí adelantar al primer clasificado en los últimos kilómetros.
Ahora toca descansar, coger fuerzas para los nuevos proyectos y esperar con mucha ilusión a Alba, que seguro que traerá muchas alegrías a este mundo.
Solo dar las gracias a mi familia una vez mas y deciros desde aquí que cada triatlón al que me acompañáis lo hacéis único.
Un saludo y nos vemos en Life evoluTRI-ON.
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