Nuestro pupilo Raúl Cameo lleva ya nueve Ironman a cuestas. El último de ellos fue probablemente el más mítico del circuito europeo, el Challenge Roth. Os dejo su crónica de la carrera.

Me quedé con cierto sabor agridulce tras el Ironman de Barcelona el año pasado. Podría haber hecho una marca infinitamente mejor de no haber reventado literalmente en la carrera a pie, así que llegaba a Roth con muchísimas ganas de competir. También llegaba con cierto miedo: me preocupaba que el cuerpo me dijera basta en la carrera a pie y que se repitiese lo sucedido en Barcelona. En este sentido, con Sergio hemos estado preparando mejor durante estos meses la carrera, y sobre todo hemos practicado las transiciones con una carrera a ritmo vivo después de la bici.

A pesar de que no dispongo de demasiadas horas para entrenar y de que este mal invierno nos ha obligado a hacer más rodillo y menos bici de la que nos gustaría, creo que llegaba a Alemania con los deberes hechos. Después de un bache en marzo-abril en el que no lograba sacar las horas necesarias para entrenar, los últimos meses -que a fin de cuentas son los más importantes- había logrado cumplir prácticamente a rajatabla los entrenamientos. Además, venía de hacer una buena carrera a pie en Guadalajara y de una actuación mejor de lo esperado en el olímpico sin drafting de Ecotrimad. Como digo, tenía respeto a la carrera a pie, pero las señales más recientes eran positivas.

Gestión de la carrera

El objetivo era, desde luego, batir mi mejor marca hasta la fecha (Austria 2017, con 10:35h) y quedarme lo más de cerca posible de las 10 horas. En un recorrido como el de Roth, que presume de ser el más rápido del mundo, no era descabellado pensar que podría hacer registros de agua y bici similares a los de Barcelona (los objetivos eran 1:04h y 5:10h, respectivamente) y lograr hacer un maratón a 5min/km que rondase las 3:30h. Las 10 horas eran, por tanto, un objetivo muy ambicioso, pero que en un día redondo, con todos los elementos a mi favor, podía cumplirse.

Sucede que los elementos no se pusieron a mi favor. Aun así logré gestionar la carrera correctamente, no me hundí al ver que las cosas no salían y terminé haciendo una actuación muy digna. Y de paso mejoré en más de 20 minutos mi mejor marca en la distancia.

Challenge Roth, un triatlón único

Es alucinante ver lo entregada que está la gente de Roth y de los pueblos de los alrededores a la carrera. Ya llevo alguna que otra a cuestas y el ambiente que vi no es comparable a nada visto antes. No estoy seguro en absoluto de que los recorridos sean los más rápidos del mundo, pero el ánimo de la gente es tan brutal que te impulsa y, sin darte cuenta, vas mucho más rápido. Creo que esto fue clave en toda la carrera, para mí y para todos los atletas que competíamos.

El segmento de agua consistía básicamente en nadar un canal arriba y abajo. Así que todo línea recta, sin poder despistarte con la trayectoria, con una corriente que en global no te podía penalizar y con unas aguas limpias. Poco más se podía pedir. Las salidas comenzaban a las 6:30 (elite) y se alargaban hasta por lo menos las 8 largas. Yo salí a las 7:15 en la novena ola. Roth no utiliza el sistema que Ironman está implementando para evitar ansiedad en las salidas, donde vas saliendo casi en fila india y tu tiempo comienza a contar desde el momento en el que tú te tiras al agua. Sin embargo, las salidas de 200 en 200 permitían la «gracia» de arrancar desde el agua tras oír el tiro y a la vez poder nadar relativamente bien desde el principio, sin embotellamientos.

Encontré mi ritmo (que debía ser de 1:41 los 100m) sin problemas y lo logré mantenerme durante mucho rato. Iba pasando a la gente de la salida anterior y me sentía muy cómodo nadando. Pero ay de mí cuando miré uno de los carteles a los que no les había prestado atención hasta entonces… 1.500m decía, cuando el reloj me decía que 1.700 y pico. Mosqueo máximo y dudas de si el cartel estaba mal o el Garmin estaba inventándose el dato. El siguiente cartel, y el siguiente, y el siguiente… confirmaron el peor escenario: el reloj estaba marcando de más. Salí del agua ya retrasado, en 1:07h, con el reloj diciéndome que había nadado más de 4.000 metros. Por suerte, la transición fue rapidísima gracias a los voluntarios y en 5 minutos estaba ya sobre la bici.

Sector de bici

Pueden decir que Roth es el triatlón más rápido del mundo, pero ni el segmento de ciclismo ni la carrera a pie son llanos. En absoluto. La bicicleta es rápida, con un asfalto exquisito, pero el terreno es ondulado y lleno de toboganes. La gente va animando en absolutamente todos los repechos, y eso ayuda. Mención especial merece Solarberg, una rampa de aproximadamente 1,5km y bastante pendiente en la que la gente anima como loca, dejándote el espacio justo para pasar con tu bici (olvídate de adelantar) y jaleándote como si fueras Alberto Contador. He estado en algunos repechos parecidos en otras competiciones, con la gente absolutamente entregada, pero ninguno como este. Te llevan literalmente en volandas.

De las dos vueltas del circuito logré mantener el tipo en la primera, y acercarme a los vatios que Sergio me había marcado (en torno a 220w). La segunda vuelta se convirtió en una tortura. Al viento, que había comenzado a asomar en la primera vuelta pero arreció muchísimo en la segunda -hasta el punto de casi tirarme de la bici en un puente y de que veía que las bicis con lenticulares no iban perpendiculares al suelo, sino ligeramente inclinadas- se le unió mi fatiga. Las piernas decidieron que ya no estaban para pedalear más, y la potencia cayó a menos de 210 w en todo el segmento. La cuenta es fácil: con menos potencia y mucho viento en contra, el resultado es menor velocidad. La media se me quedó en poco más de 33 km/h y el tiempo se me fue a más de 5:20h. Para más inri, dejé la bicicleta completamente desfondado y con los cuádriceps fundidos.

La hora de la verdad: la carrera a pie

Desde mitad del sector de ciclismo me era ya imposible acercarme a las 10 horas, así que me tocó resetear y plantearme nuevos objetivos. El principal, no hundirme al ver que la cosa se torcía. El segundo, apretar los dientes y terminr en el mejor tiempo posible.

Con este panorama comenzaba la maratón, donde realmente empezaba la prueba para mí. Tenía que resarcirme del reventón de Barcelona para al menos coger confianza de cara a futuras ocasiones. Intenté poner el metrónomo mental y mirar constantemente el reloj para asegurarme de que rondaba los 5 min/km. No había cumplido el objetivo del agua ni el de la bici, pero aún podía cumplir con la carrera a pie. Para ello no debía pararme en ningún momento. Para no desanimarme ni especular, no miré en ningún momento de la carrera a pie el tiempo total que llevaba en la prueba.

A pesar de acabar exhausto la bici, comencé a correr inesperadamente fresco. Para mí sorpresa, tenía los cuádriceps cargadísimos pero los gemelos muy frescos. Qué importantes son los estudios biomecánicos en la bici.

Pasé el cartel del primer kilómetro a 4:26, en parte porque iba un pelín más rápido de 5 y en parte porque ese cartel, al menos de acuerdo a mi reloj, estaba muchísimo antes de lo que le correspondía. Los primeros kilómetros eran cuesta arriba y sin embargo estaba cumpliendo. Eso me animaba a pensar que, como había que bajar esa misma cuesta pasado el kilómetro 26, podía permitirme algún pequeño reventón sin que me penalizase mucho. Llegué al kilómetro 8 prácticamente con dos minutos y medio de colchón, en un terreno ya por fin llano. Pero sabía que tenía las patas tocadas y que iba a tener que apretar los dientes más pronto que tarde.

En el kilómetro 15 lograba mantener esos 5 min/km, pero ya me costaba mucho más a pesar de ser todo completamente llano. Además, los carteles comenzaban a estar bien puestos y a cuadrar bastante con lo que me marcaba el reloj, con lo que no había metros regalados. De hecho, en el paso por la media maratón ya había comenzado a comerme una pequeña parte de ese colchón, y cuando llegó de nuevo la cuesta, en este caso ya de bajada, las patas no querían correr más rápido para aprovechar la pendiente favorable. Había llegado el momento de echar el resto y sufrir de verdad.

Llegó la pared

Yo estaba pidiendo la hora y ya apenas tenía colchón de tiempo cuando rondaba el kilómetro 30, la famosa pared. En el caso de Roth, lo de pared era bastante literal. Cuando más bajos tenía los ánimos, se presentó ante mí una rampa interminable, de varios kilómetros, en la que estaba viendo a todo el mundo caminar. Menos mal que los #hijosdelpuerto de viento en la bici y de cuestas corriendo vamos más que servidos. Me pareció prácticamente idéntica a una que hay en el Paseo de Circunvalación -solo que mucho más larga- y que hemos subido docenas de veces, así que me intenté visualizar trotando cerca de casa. La cosa pareció funcionar y llegué arriba caminando solo muy brevemente en los avituallamientos y para que no se me cayera encima la bebida. Muchísima gente animando arriba como locos, y luego el camino de vuelta de bajada: la cosa no estaba como para hacer alardes, pero pintaba bien. Ya empezaba a ver que esto podía terminar casi según el objetivo, así que mantuve el ritmo en los toboganes y en los dos últimos kilómetros apreté tanto como pude, que era poco.

Terminé parando el crono en 10:14h bajo el arco de meta, 21 minutos por debajo de mi marca de Austria. Al final la maratón había salido en 3:34h. Fue una sensación brutal obtener una marca que no me hubiera imaginado cuando llevaba 90 kilómetros de bici. ¿Me hubiera gustado quedarme más cerca de las 10 horas? A quién no. Pero, como me dijo Sergio al acabar, la base está ahí y tarde o temprano la marca caerá por su propio peso. ¿Será en Copenhague el próximo 19 de agosto? Quién sabe si los planetas se alinearán ese día. El trabajo, en cualquier caso, está ahí – y seguirá estando con la ayuda de Sergio.

Categorías: Competición y entrenamiento

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