Mi pupilo Raúl Cameo corrió este fin de semana el Ironman de Barcelona. A continuación nos cuenta en primera persona sus vivencias en un día duro en el que las cosas no salieron mal, pero podrían haber salido mucho mejor. Os dejo su crónica:

El de Barcelona fue mi octavo Ironman; sin embargo, es probablemente el segundo que me tomo realmente en serio y en el que me planteo un objetivo mínimamente ambicioso que vaya más allá de simplemente acabar la prueba o de mejorar un poco la marca anterior. Estos últimos meses, entrenando con Life evoluTRI-ON, he aprendido a sacar muchísimo más partido de cada uno de los entrenamientos y a creerme capaz de hacer marcas que ni me planteaba hace tan solo un año. El cambio ha sido radical.

Viendo mis ritmos de entrenamiento y cómo me encontraba de forma, llegaba a Barcelona con el objetivo «oficial» de rondar las 10:15h después de hacer algo más  de 10:30h en Austria este mes de julio. Entrecomillo oficial porque si echábamos un vistazo a los ritmos a los que habíamos planeado la carrera (una natación por debajo de 1:10 h, una bici a 35 km/h de promedio y una carrera a pie más o menos a 4:40 min/km), si todo salía según el plan iba a acabar el Ironman por debajo de las 10 horas.

El día comenzó bien y yo me sentía tranquilo. Al poco de dar la salida y comenzar a nadar ya me sentía plenamente cómodo en el agua; cristalina y espectacular como solo la he visto en el Ironman de Niza. Iba a buen ritmo y no notaba ninguna fatiga. Salí en 1:03 h, fresco y muy por debajo del tiempo que manejaba incluso en mis previsiones más optimistas.

Cogí la bici muy animado. Hay un tramo de enlace bacheado de unos 3 kilómetros hasta llegar al circuito, al que se dan dos vueltas y media. Una vez se llega ahí, es un recorrido tirando a llano y muy rápido. Los parciales iban saliendo más o menos al ritmo previsto. Bastante viento de cara en la ida que desgastaba mucho, pero se compensaba en el trayecto de vuelta, donde aprovechaba para castigarme un poco menos y recuperar. El recorrido salió a 34,6 km/h de media, en línea con lo previsto. Terminé el segmento un poco más fatigado que tres meses antes en el Ironman de Austria, pero nada alarmante. Me veía bien para salir a correr.

Arranqué con ganas y al ritmo al que debía, entre 4:35 y 4:45. Pero en el kilómetro 7 todo se torció, y lo hizo de golpe. El estómago se me dio por completo la vuelta y tuve que pararme para ir al lavabo. A partir de ahí, comencé un verdadero via crucis. Paré varias veces a devolver, corrí con el cuerpo tembloroso durante mucho tiempo y, naturalmente, la media de 4:40 se fue al traste. Intenté pensar tres cosas positivas cada vez que el estómago me daba un pinchazo, y al principio lo lograba, pero no tardé en desistir. Eché muchas cuentas y proyecciones de tiempos de llegada para animarme y decirme que no era para tanto, que podía remontar, pero poco a poco fui descartando marcas hasta que me centré en intentar acabar. El cuerpo me pedía a gritos echarme a un lado y retirarme, pero el ánimo de los míos me llevaba a seguir arrastrándome hasta terminar. A falta de unos 8 kilómetros, me logré recomponer un poco dentro de lo mal que estaba y me negué a hacer más de 11 horas. Me costó, pero conseguí no pararme y llevar un ritmo suficiente como para llegar a meta en tiempo.

Terminé en 10:57h después de arrastrarme casi literalmente durante 35 kilómetros. Fue una llegada a meta con sabor agridulce. Es mi segundo mejor registro en distancia Ironman, pero la marca es mucho peor de lo esperado. Eso sí, he aprendido más que en los 7 Ironman anteriores. Me quedo con eso. Aún queda mucho trabajo por hacer y mucho margen de mejora, pero a día de hoy he llegado más lejos de lo que nunca pensaba y eso ya no me lo quita nadie. Habrá que resarcirse en Roth el año que viene. Ahí no pienso fallar. Tengo las mejores armas: confianza en mí mismo y un gran entrenador.


1 comentario

Challenge Roth - Life evoluTRI-ON · 23 octubre, 2020 a las 11:31

[…] quedé con cierto sabor agridulce tras el Ironman de Barcelona el año pasado. Podría haber hecho una marca infinitamente mejor de no haber reventado […]

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